viernes, 13 de diciembre de 2013



Trabajo Final
Cuento y protocolo
Benítez, Nuria

Tierra de “Nadie”
¡No pibe, no! ¿Qué hiciste? ¿Cómo vas a garabatear sobre esta pared?  Si te ven los de la casa  te matan. Este paredón es sagrado,  no se toca. El dibujito este es todo un emblema para el barrio… Pibe.
Lo pintó El Gringo en la década del 70’, tres años después de haber  llegado a la Argentina. Tuvo  quilombos con la policía en su tierra natal y  aquí siguió haciendo de las suyas.  La osadía de algunos seres alcanza cotas insospechadas.
El día que pintó esto, la  dueña del paredón le  prometió que lo cuidaría hasta el final de sus días. Y la vieja cumplió con la promesa y mucho más, porque ahora lo cuidan sus nietos. Si te ven metiendo mano, te matan.
El tipo tuvo problemas con la policía por algunas pintadas y hasta con la Fundación Soldi, referente de la cultura de elite de la zona. El propio pintor cuando vino a pintar la Iglesia Santa Ana lo buscó para hacer los frescos que hoy se encuentran en las paredes de adentro, pero El Gringo le dijo que se metiera el pincel donde la espalda pierde el buen nombre. A partir de ese día fue un paria, perseguido por la creme de la creme de Glew.
Con el tiempo creció su popularidad y dicen que se divertía tirándole  la lengua a los que inventaban  leyendas, inexistentes amistades y supuestas correrías nocturnas. No ha faltado quien atribuyó las pintaditas a una imaginativa campaña publicitaria; quien aseguró que el Gringo pertenecía a una secta, otros decían saber de buena ley que en realidad se trataba de un espía.
Igualmente al tipo no le importaba nada. Se convirtió en una sombra fugaz, que dejaba a su paso una estela de color. Dicen que tenía de guardianes a los borrachos y prostitutas de la zona que coincidían en la plaza a altas horas de la noche. Esa que está ahí.
El tipo a pesar de sus cuidadores cayó alguna que otra vez en cana. Una vez para Navidad se hizo una redada, justo en esta esquina. Lo agarraron distraído;  estaban entonces, según testigos presenciales, como si en una operación milimétricamente planeada hubieran capturado al enemigo público número uno. Dicen que le pegaron el rostro al piso, que lo sostuvieron por la espalda y que él giró la cara para ver quién era su verdugo. La mirada del Gringo no emanaba furia sino la intensidad de una verdad que alteró al cabo que lo sometía. Sus ojos azules brillaron como la luna misma. Desprendían millares de pequeños fragmentos luminosos. Otearon el rostro del cabo, desde la cicatriz de su mejilla izquierda hasta la sombra  que se dibujaba en su mejilla derecha. Volvía una y otra vez al movimiento inicial, de izquierda a derecha. Se instalaba un segundo en sus ojos y retomaba el movimiento que lo llevaba a recorrer ese rostro, denunciando en ese gesto al hombre entero.
Fue su  primera detención, se produjo porque alguien lo buchoneó. El Gringo había estampando su firma en el paredón de atrás de la comisaría, sobre una imagen de una prostituta masturbándose. Cuentan que la mina era igual a las de Divito. ¿Sabés quién era Divito? Qué vas a saber vos de Divito, pibe. En fin.  El dibujito era una obra de arte, che. Duró poco. El mismo  comisario junto al resto de la yuta lo taparon en minutos; no le alcanzaban las manos a los tipos. Por ese hecho les quedó de apodo “Los pulpos”.
Dicen que El Gringo era testarudo y que sólo aparentaba no entender mucho el español, que se hacía el dolobou cuando alguien quería entrometerse en su vida. Un amigo mío me contó con lujo de detalles lo que le dijo después de que lo soltaron por el asunto de la prostituta…
¡Claroooo! Me miras como sino supieras de  lo que te hablo. Más de una vez te dije que no le des confianza al tipo. No te resulta extraño que minutos después de conversar con vos te cayera la yuta, que hayan entrado por ambas esquinas, que no tuvieras tiempo de escaparte. Era para encajonarte, flaco. Vos porque sos yanqui  pensás que te las sabés todas, pero no, no es así,  Gringo. Acá la yuta vuela cuando se trata de los pavotes como vos. Eso sí, cuando tienen que buscar a los peces gordos se hacen bien los boludos. Igualmente creo que derrapaste con el dibujito de la putita masturbándose, fue muy fuerte Gringo. Acá nadie construye el chiquero frente a su casa. ¿Qué,  no me entendés? ¿Qué se lo pintaste en el paredón de atrás? Ya sé que se lo pintaste en el paredón de atrás Gringo. No entendés nada Gringo, no entendés nada.
¿Sabés cómo se llama el tipo con el que hablaste? Buchón, así se llama. No, no es el apellido, es un ¿Cómo decirte? Son esos que hablan de más, venden información a la yuta. Sí, sí, por money, money. Pero estos no se van a Las Vegas o a Mónaco como en la canción, Gringo. Estos venden tus palabras, tus pensamientos ¿Entendés? Tenés que tener más cuidado. Entre lo que pintás y los que hablás un día te vamos a encontrar en una zanja. No Gringo en un zaguán no, en una zanja. Pero me cache en diez, hablar con vos en español es más jodido que sacarle el hueso a un doberman.
No me mires así. Y sí Gringo, te fuiste un poquito al carajo ¿Qué querés que te diga?
¿Qué te asesinaron la putita? Todos sabemos quien era esa mina ¿Eso te molestó? ¡Ahh, eso sí es cierto!! Asesinaron tu arte.
El Gringo se hizo famoso en el distrito. Esto es lo único que queda de él. Fueron diez años meta pinta que pinta. Y tan solo este dibujito sobrevivió. Es como dijo un amigo: “A éste sí que no lo pudieron asesinar”. Es como el alma del Gringo…
Es más, vas a pensar que estoy loco pero yo mismo escuché una noche en esta misma esquina, a alguien que cantaba el tango que más le gustaba al Gringo, Nostalgias, ese que dice “Quiero emborrachar mi corazón para olvidar un loco amor que más que amor es un sufrir...¿Lo conocés? Qué lo vas a conocer. En fin. Yo y todos los vecinos hemos escuchado pero nadie ha visto al tipo que lo canta, cuando doblás la esquina, la música desaparece de una. El alma del Gringo está acá.
No suelo interrumpir la lectura a mis estimados lectores pero debo advertirles que de aquí en más lo que escribiré no será fruto del ánimo de un escritor que se malgasta en palabras. ¡No! Será la impertinente voz de alguien que se malgasta en la redacción de un diario de cuarta. Cualquiera que conozca una redacción por dentro sabe que es frecuente el gesto desdeñoso del jefe de redacción  cuando lee un original que ha sido impregnado por esa tónica que sólo los narradores de ficción pueden lograr.  
              -Uhmmm… ¿Haciendo literatura aquí?
              - Oiga mozo… poesía aquí no… Aquí hacemos noticias… Deje las metáforas para los poetas.
Les aseguro que la historia del Gringo no es materia para una simple crónica policial. La historia del Gringo es sin ninguna duda una de las historias más poéticas que he escuchado.
El Gringo había enloquecido por una mujer;  se enamoró de ella con la desesperación del náufrago que abraza la tabla salvadora. Era morena, de rasgos exóticos. Le sedujo esa oscura melena de cabellos rizados, salvajes, mata de pelo sombría. Lo enloqueció la mirada que surgía de aquellos ojos de acero. Se enamoró por todo lo que había en su figura, porque era fuerte y extraña, por su aire de zíngara, por los ecos que cargaba su cuerpo, por el sol que habitaba su piel y calentaba sus vestiduras. Se enamoró porque ella era el viento mismo hecho silueta que recorría su cuerpo. Porque era sombra peregrina desde la aurora hasta el crepúsculo. Se enamoró en un instante, porque se reconocía en ella, por su existencia de pájaro libre, porque emanaba el silencio que sólo rodea a los seres errantes. La amó por su naturaleza fugitiva, porque era ladrona de almas. Y la odió por todas esas mismas razones. Porque ella no era de “Nadie”. Simplemente era de todos…
Al Gringo nadie lo vio marcharse, nadie lo vio morir. Desapareció con la última pincelada dada al dibujito que hoy tiene de protagonista este cuento.
El Gringo firmaba autógrafos, pibe ¿Me entendés? Yo tengo uno.
¿Qué querés que te diga, pibe? Las paredes de esta esquina hablan por sí mismas.
 Yo que vos me rajo enseguida. En un rato los nietos de la vieja salen, y a vos se te arma.
Rajá, nene, rajá.

Protocolo de escritura.
Luego de leer la consigna para el trabajo final pensé en dos cuentos: “Tierra de Nadie” y “Las patas en las fuentes”. Aunque el segundo había sido comentado en clase y yo tenía las anotaciones de esos comentarios, consideré que el primero había tenido un número mayor de intervenciones, las cuales podían guiarme con mejor tino hacia la reescritura de la versión final.
Decidí que el eje del trabajo estaría guiado por la última intervención hecha,  la cual muestra algunas contradicciones y vacíos en el relato y que ahora debía solucionar.
Elegido el texto y el eje de corrección retomé la consigna y comencé la lectura del cuento. En primer lugar debía cambiar la metalepsis. Leí el material bibliográfico dado en el taller y un trabajo de Jorge Lagos Caamaño “De la metalepsis a la antimetalepsis: de Quintiliano a Genette. En él el autor da un ejemplo de metalepsis que se presenta en la obra “La Niebla” de Unamuno. Este ejemplo me resultó ilustrativo y decidí elegir este modo de introducir la metalepsis en mi relato.
Pensé en el clima del relato e imaginé el paso transgresor de un nivel narrativo a otro. El nuevo narrador sería el escritor del cuento. Mediante un embrague que detiene la voz del narrador inicial doy paso a una metalepsis de autor. El autor (personaje) que elijo es un escritor de cuarta  con algunas ínfulas que trabaja para un diario local. No deseaba que estas ínfulas quedaran expuestas de forma directa por lo tanto decido que esta arrogancia quedara solapada en ciertas expresiones que este personaje realizaría con tono natural y casual como por ejemplo: “(…) cuando lee un original que ha sido impregnado por esa tónica que sólo los narradores de ficción pueden lograr.” Haciendo referencia a todos los escritores de ficción y no sólo a su persona.
Una vez establecido el formato general de la metalepsis pensé que un fragmento del texto que había decido borrar cuando leí las intervenciones, encajaría mejor en este proceso. Para ello debí realizar una modificación en la voz del narrador, de primera persona a tercera persona.
Mientras realizaba esta modificación se me ocurrió resolver el tema del título que había quedado pendiente en los anteriores pre-textos. “Tierra de nadie” había sido elegido por su doble significación: aquel espacio donde la norma y el estado no intervienen por diferentes razones, entre ellas una profunda cultura marginal que ha copado el espacio; pensé en su momento en los pasillos de Fuerte Apache y la posibilidad de entender esta negación de presencia de la norma como la posibilidad de interpretar  que,  si no le pertenece   a “Nadie”, por lo tanto, le pertenece a  todos. Surge aquí la idea de utilizar la descripción del personaje de la prostituta como  analogía del espacio y ser el motivo del espíritu “conflictuado” del Gringo.
Otro tema que debía resolver era el del detalle (creí haberlo hecho cuando describí en el último pre-texto a la prostituta). Comencé a leer el cuento  y decidí que no sería un objeto material el que utilizaría para desarrollar el detalle. En realidad me di cuenta que los objetos materiales no tenían mayor relevancia en este relato. Comencé a pensar que cosas estarían con mayor fuerza al servicio de la historia contada. Resolví que la mirada del Gringo en el momento de la detención sería lo más apropiado, no sólo porque le daría al lector la posibilidad de saber algún aspecto físico del personaje, hasta ahora sin revelar, sino porque en esa mirada también estaría la clave para la interpretación del texto.
En este momento que estoy escribiendo el protocolo, cuya actividad me obliga a retomar la lectura del cuento, puedo observar que hay datos innecesarios, que ya no son útiles, ni siquiera afines a las modificaciones realizadas. Por lo tanto comienzo a borrar esos datos. Pienso si en una actividad como esta, donde la escritura del texto está sujeto a una consigna y éste a su vez también a la escritura de otro texto que se desprende de él, será difícil determinar, cuándo se termina la actividad.
Una lectura final da por terminado el trabajo.

jueves, 5 de diciembre de 2013

El detalle



Tierra de “Nadie”
¡No pibe, no! ¿Qué hiciste? ¿Cómo vas a garabatear sobre esta pared?  Si te ven los de la casa  te matan. Este paredón no se toca. El dibujito este es todo un emblema para el barrio… Pibe, vos no entendés nada.
Esto lo pintó El Gringo para un amigo en la década del 70’. Lo hizo para un linyera; ambos eran extranjeros. Dicen que llegaron a la Argentina por quilombos con la policía y  que aquí siguieron haciendo de las suyas.  La osadía de algunos seres alcanza cotas insospechadas.
El día que pintó esto, dicen, se habría cumplido el que según afirman era el sueño del Gringo. Nadie tiene en claro cuál era ese sueño. Pero la  dueña del paredón  prometió que lo cuidaría hasta el final de sus días. Y la vieja cumplió con la promesa y mucho más, porque ahora lo cuidan sus nietos. Si te ven metiendo mano, te matan.
El tipo tuvo problemas con la policía por algunas pintadas y hasta con la Fundación Soldi, esa que está en la esquina. El propio pintor cuando vino a pintar la Iglesia Santa Ana lo buscó para hacer los frescos que hoy se encuentran en las paredes de adentro, pero El Gringo le dijo que se metiera el pincel donde la espalda pierde el buen nombre. A partir de ese día fue un paria, perseguido por la creme de la creme de Glew.
Con el tiempo creció su popularidad y dicen que se divertía tirándole  la lengua a los que inventaban  leyendas, inexistentes amistades y supuestas correrías nocturnas. No ha faltado quien atribuyó las pintaditas a una imaginativa campaña publicitaria; quien aseguró que el Gringo pertenecía a una secta, otros decían saber de buena ley que en realidad se trataba de un espía.
Igualmente al tipo no le importaba nada. Se convirtió en una sombra fugaz, que dejaba a su paso una estela de color. Dicen que tenía de guardianes a los borrachos y prostitutas de la zona que coincidían en la plaza a altas horas de la noche. Esta que está ahí.
El tipo a pesar de sus cuidadores cayó alguna que otra vez en cana. Una vez para Navidad se hizo una redada, justo en esta esquina. Lo agarraron distraído;  estaban entonces, según testigos presenciales, como si en una operación milimétricamente planeada hubieran capturado al enemigo público número uno.
Fue su  primera detención, se produjo porque alguien lo buchoneó. El Gringo había estampando su firma en el paredón de atrás de la comisaría, sobre una imagen de una prostituta masturbándose. Cuentan que la mina era igual a las de Divito. ¿Sabés quién era Divito? Qué vas a saber vos de Divito, pibe. En fin.  El dibujito era una obra de arte, che. Duró poco. El mismo  comisario junto al resto de la yuta lo taparon en minutos; no le alcanzaban las manos a los tipos. Por ese hecho les quedó de apodo “Los pulpos”.
Dicen que El Gringo era testarudo y que sólo aparentaba no entender mucho el español, que se hacía el dolobou cuando alguien quería entrometerse en su vida. Un amigo mío me contó con lujo de detalles lo que le dijo después de que lo soltaron por el asunto de la prostituta…
¡Claroooo! Me miras como sino supieras de  lo que te hablo. Más de una vez te dije que no le des confianza al tipo. No te resulta extraño que minutos después de conversar con vos te cayera la yuta, que hayan entrado por ambas esquinas, que no tuvieras tiempo de escaparte. Era para encajonarte, flaco. Vos porque sos yanqui  pensás que te las sabés todas, pero no, no es así,  Gringo. Acá la yuta vuela cuando se trata de los pavotes como vos. Eso sí, cuando tienen que buscar a los peces gordos se hacen bien los boludos. Igualmente creo que derrapaste con el dibujito de la putita masturbándose, fue muy fuerte Gringo. Acá nadie construye el chiquero frente a su casa. ¿Qué,  no me entendés? ¿Qué se lo pintaste en el paredón de atrás? Ya sé que se lo pintaste en el paredón de atrás Gringo. No entendés nada Gringo, no entendés nada.
¿Sabés cómo se llama el tipo con el que hablaste? Buchón, así se llama. No, no es el apellido, es un ¿Cómo decirte? Son esos que hablan de más, venden información a la yuta. Sí, sí, por money, money. Pero estos no se van a Las Vegas o a Mónaco como en la canción, Gringo. Estos venden tus palabras, tus pensamientos ¿Entendés? Tenés que tener más cuidado. Entre lo que pintás y los que hablás un día te vamos a encontrar en una zanja. No Gringo en un zaguán no, en una zanja. Pero me cache en diez, hablar con vos en español es más jodido que sacarle el hueso a un doberman.
No me mires así. Y sí Gringo, te fuiste un poquito al carajo ¿Qué querés que te diga?
¿Qué te asesinaron la putita? Todos sabemos quien era esa mina ¿Eso te molestó? ¡Ahh, eso sí es cierto!! Asesinaron tu arte.
El Gringo se hizo famoso en el distrito. Esto es lo único que queda de él. Fueron diez años meta pinta que pinta. Y tan solo este dibujito sobrevivió. Es como dijo un amigo: “A éste sí que no lo pudieron asesinar”. Es como el alma del Gringo. Es más, vas a pensar que estoy loco pero yo mismo escuché una noche en esta misma esquina, a alguien que cantaba el tango que más le gustaba al Gringo, Nostalgias, ese que dice “Quiero emborrachar mi corazón para olvidar un loco amor que más que amor es un sufrir...¿Lo conocés? Qué lo vas a conocer. En fin. Yo y todos los vecinos hemos escuchado pero nadie ha visto al tipo que lo canta, cuando doblás la esquina, la música desaparece de una. El alma del Gringo está acá.   
¡Claro que estoy aquí! Y les contaré lo que nadie más podrá contarles: Me enamoré de ella, me sentí aturdido por una emoción intensa. Era morena, de rasgos exóticos. Me sedujo la oscura melena de cabellos rizados, salvajes, mata de pelo sombría. Me enloqueció la mirada que surgía de aquellos ojos de acero. Me enamoré por todo lo que había en su figura, porque era fuerte y extraña, por su aire de zíngara, por los ecos que cargaba su cuerpo, por el sol que habitaba su piel y calentaba mis vestiduras. Me enamoré porque ella era el viento mismo hecho silueta que recorría mi cuerpo. Porque era sombra peregrina desde la aurora hasta el crepúsculo. Me enamoré en un instante, porque me reconocí en ella, por su existencia de pájaro libre, porque emanaba el silencio que sólo rodea a los seres errantes. La amé por su naturaleza fugitiva, porque era ladrona de almas.
¿Entienden ustedes por qué la amé? El día que me amó, pinté este mural donde ahora  habito, donde habita mi alma y mi historia. Yo sé que los cuentos mienten para contar su verdad…  
El Gringo firmaba autógrafos ¿Me entendés? Yo tengo uno.
¿Qué querés que te diga, pibe? Las paredes de esta esquina hablan por sí mismas.
 Yo que vos me rajo enseguida. En un rato los nietos de la vieja salen, y a vos se te arma.
Rajá, nene, rajá.



lunes, 25 de noviembre de 2013


Tierra de “Nadie”

¡No pibe, no! ¿Qué hiciste? ¿Cómo vas a garabatear sobre esta pared?  Si te ven los de la casa  te matan. Este paredón no se toca. El dibujito este es todo un emblema para el barrio… Pibe, vos no entendés nada.

Esto lo pintó El Gringo para un amigo en la década del 70’. Lo hizo para un linyera; los dos eran extranjeros, dicen que llegaron a la Argentina por quilombos con la policía y  que aquí siguieron haciendo de las suyas.  La osadía de algunos seres alcanza cotas insospechadas.

El día que pintó esto, dicen, se habría cumplido el que según afirman es el sueño del Gringo. La dueña del paredón le prometió que lo cuidaría hasta el final de sus días. Y la vieja cumplió con la promesa y mucho más, porque ahora lo cuidan sus nietos. Si te ven metiendo mano, te matan.

Con el tiempo creció su popularidad y dicen que se divertía tirándole  la lengua a los que inventaban  leyendas, inexistentes amistades y supuestas correrías nocturnas. No ha faltado quién atribuyó las pintaditas a una imaginativa campaña publicitaria; quien aseguró que el Gringo pertenecía a una secta, otros decían saber de buena ley que en realidad se trataba de un espía.

El tipo tuvo problemas con la policía por algunas pintadas y hasta con la Fundación Soldi, esa que está en la esquina. El propio pintor cuando vino a pintar la Iglesia Santa Ana lo buscó para hacer los frescos que hoy se encuentran en las paredes de adentro, pero El Gringo le dijo que se metiera el pincel donde la espalda pierde el buen nombre. A partir de ese día fue un paria, perseguido por la creme de la creme de Glew.

Igualmente al tipo no le importaba nada. Se convirtió en una sombra fugaz, sin nombre y apellido que dejaba a su paso una estela de color. Dicen que tenía de guardianes a los borrachos y prostitutas de la zona que coincidían en la plaza a altas horas de la noche. Esta que está ahí.

El tipo a pesar de sus cuidadores cayó alguna que otra vez en cana. Una vez para Navidad se hizo una redada, justo en esta esquina. Lo agarraron distraído;  estaban entonces, según testigos presenciales, como si en una operación milimétricamente planeada hubieran capturado al enemigo público número uno.

Fue su  primera detención, se produjo porque alguien lo buchoneó. El Gringo había estampando su firma en el paredón de atrás de la comisaría, sobre una imagen de una prostituta masturbándose. Cuentan que la mina era igual a las de Divito. ¿Sabés quién era Divito? Qué vas a saber vos de Divito, pibe. En fin.  El dibujito era una obra de arte, che. Duró poco. El mismo  comisario junto al resto de la yuta lo taparon en minutos; no le alcanzaban las manos a los tipos. Por ese hecho les quedó de apodo “Los pulpos”.

Dicen que El Gringo era testarudo y que sólo aparentaba no entender mucho el español, que se hacía el dolobu cuando alguien quería entrometerse en su vida. Un amigo mío me contó con lujo de detalles lo que le dijo después de que lo soltaron por el asunto de la prostituta…

¡Claroooo! Me miras como sino supieras de  lo que te hablo. Más de una vez te dije que no le des confianza al tipo. No te resulta extraño que minutos después de conversar con vos te cayera la yuta, que hayan entrado por ambas esquinas, que no tuvieras tiempo de escaparte. Era para encajonarte, flaco. Vos porque sos yanqui  pensás que te las sabés todas, pero no, no es así Gringo. Acá la yuta vuela cuando se trata de los pavotes como vos. Eso sí, cuando tienen que buscar a los peces gordos se hacen bien los boludos. Igualmente creo que derrapaste con el dibujito de la putita masturbándose, fue muy fuerte Gringo. Acá nadie construye el chiquero frente a su casa. ¿Qué,  no me entendés? ¿Qué se lo pintaste en el paredón de atrás? Ya sé que se lo pintaste en el paredón de atrás Gringo. No entendés nada Gringo, no entendés nada.

¿Sabés cómo se llama el tipo con el que hablaste? Buchón, así se llama. No, no es el apellido, es un ¿Cómo decirte? Son esos que hablan de más, venden información a la yuta. Sí, sí, por money, money. Pero estos no se van a Las Vegas o a Mónaco como en la canción, Gringo. Estos venden tus palabras, tus pensamientos ¿Entendés? Tenés que tener más cuidado. Entre lo que pintás y los que hablás un día te vamos a encontrar en una zanja. No Gringo en un zaguán no, en una zanja. Pero me cache en diez, hablar con vos en español es más jodido que sacarle el hueso a un doberman.

No me mires así. Y sí Gringo, te fuiste un poquito al carajo ¿Qué querés que te diga?

¿Qué te asesinaron la putita? Todos sabemos quién era esa mina ¿Eso te molestó? ¡Ahh, eso sí es cierto!! Asesinaron tu arte.

¿Entendés, pibe? El Gringo se hizo famoso en el distrito. Esto es lo único que queda de él. Fueron diez años meta pinta que pinta. Y tan solo este dibujito sobrevivió. Es como dijo un amigo: “A éste sí que no lo pudieron asesinar”. Es como el alma del Gringo. Es más, vas a pensar que estoy loco pero yo mismo escuché una noche en esta misma esquina, a alguien que cantaba el tango que más le gustaba al Gringo, Nostalgias, ese que dice “Quiero emborrachar mi corazón para olvidar un loco amor que más que amor es un sufrir... ¿Lo conocés? Qué lo vas a conocer. En fin. Yo y todos los vecinos hemos escuchado pero nadie ha visto al tipo que lo canta, cuando doblás la esquina, la música desaparece de una. El alma del Gringo está acá.   ¿Entendés? Y vos lo estropeaste.

El Gringo firmaba autógrafos ¿Me entendés? Yo tengo uno.

¿Qué querés que te diga, pibe? Las paredes de esta esquina hablan por sí mismas.

 Yo que vos me rajo enseguida. En un rato los nietos de la vieja salen, y a vos se te arma.

Rajá nene, rajá.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Las patas en la fuente
- ¡Qué corta es la vida! ¡Qué corta y miserable es! No sé si estamos preparados para semejante sacudón. Un tipo tan  joven, la misma edad que tenía mi viejo cuando murió. Se nos viene una de aquellas negro.
Vamos Ana, no exageres. El tipo no era Perón.
-¿Qué exagero? ¿Vos crees que yo exagero? Los buitres van a empezar a rondar, acordate lo que te digo. No sé si hoy o mañana, pero que van a sobrevolar nuevamente sobre nosotros, es seguro. Vos y yo  estamos grandes negro pero para los pibes, nuestros hijos y ese millar de jóvenes que creyeron en este modelo, será un golpe duro, durísimo. Esta mañana, mientras esperábamos al censista, no tendría que haber dicho que hoy era un día peronista, los días peronistas están repletos de sol, como decía mi viejo.
- Prendé la radio seguro que están comentando algo. Pero pone Radio Nacional por favor.
“…Kirchner falleció tras haber sido internado de urgencia durante la madrugada en el Hospital Formenti. Estaba acompañado por su esposa, la presidenta Cristina Fernández, cuando se descompuso y debió ser trasladado al centro de salud de El Calafate. El diputado nacional, presidente del Consejo Nacional del PJ y secretario general de la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR) había sido sometido el 11 de septiembre último a una angioplastia por una obstrucción en una arteria coronaria en el Sanatorio Los Arcos de la Ciudad de Buenos Aires, donde también había sido internado en febrero pasado. En esa última oportunidad, Kirchner recibió el alta médica luego de permanecer un fin de semana internado y luego de haber sido operado en forma exitosa. Tras conocerse el deceso del ex presidente, algunos ministros del gabinete nacional se dirigieron hacia Santa Cruz en distintos aviones oficiales y privados, en tanto que otros resolvieron permanecer en Buenos Aires y acompañar la marcha convocada para esta noche a las 20 en la Plaza de Mayo”.
- Tenemos que ir negrito. Llama a Juan  y pregúntale si va y con quién.
- Ellos van con la agrupación, nos esperan allá en dos horas.
  (…)
- Los peronistas hacen todo a lo grande, hasta para morir. Mirá ese cartel, ni en la cancha de Boca vi uno tan grande. 
Es verdad, un cartel gigantesco  con el rostro de Néstor y una leyenda que dice “Viviré por siempre”, sostenido por cinco militantes cruza frente a nosotros. Los jóvenes discuten sobre cuál es el  lugar más adecuado para que sea visto por todos.
-Córrase señora por favor, necesitamos atar las cañas al árbol.
-Che, Estrellita, subila un poco más, van a venir los de la Evita y nos van a colgar algo enfrente como de costumbre.
- Llegaron los chicos, anda  a buscarlos, están cruzando la plaza, yo te espero acá.
Las patas en la fuente, otra vez, las patas en la fuente…
-¡Mirá papá! ¿Puedo meterme? No Ana, hace mucho frío. Dale pa,  ellos tienen los pies en la fuente y no les pasa nada, dale. Sólo los pies Ana, hace mucho frío.
 Tengo que sacarme rápido estos zapatos antes de que se arrepienta, trataré de no mojarlos sino  mamá le dirá al señor Grimoldi que me los quite. No sé quién es ese señor, supongo que debe ser alguien importante porque cada vez que los dejo tirados o me los quitó sin desabrocharlos ella me grita que son de Grimoldi, que los cuide. Aunque no me queda muy claro si son del señor Grimoldi o del señor Charol. Para mí que los del señor Charol los tiene mi hermana porque ¿puede un par de zapatos pertenecer a dos personas al mismo tiempo? No creo. Seguro que es tan importante como el señor que murió hoy. Todos gritan Perón está vivo, pero yo sé que murió. La señorita lloraba cuando nos contó esta tarde, estaba muy triste. Mi vecina Amanda nos retiró de la escuela después de hablar con la maestra, a mí a mi hermana, a Juancho, al cabezón, a Martina, a Rodrigo, a las mellizas caras de pera y a sus hijos, éramos como diez. En cuanto salimos de la escuela comenzamos a correr y a gritar y Amanda se enojó mucho y nos dijo: “No griten chicos, hoy el país está de duelo”.  Eso mismo dijo el hombre que está hablando con mi papá ahora.
- Papá ¿Por qué lloras? Te estás mojando la camisa.
Realmente el agua está helada. Mañana le voy a decir a la señorita que no esté triste, que no nos pida disculpas por haber llorado, que acá todos lloran y gritan y también le voy a contar que metí las patas en la fuente…
-Ana ya vienen los chicos, están con la agrupación. También me comuniqué con tu hermana y con Luis y me dijo que en cinco minutos llegan.
Los vi llegar con sus camisetas empapadas por las lágrimas. ¡Néstor vive. Néstor vive! Nos quitamos el calzado, estos no eran del señor Grimoldi, eran nuestros. Nos tomamos de la mano, miré su rostro y me dijo: “El peronismo excede el tiempo y las coyunturas, mamá. Superó a las proscripciones, a las dictaduras y desapariciones. Jamás ejerció el poder sin la legitimidad de los votos, y su afán popular continuará convocando y representando a las mayorías. No llores. Tus nietos también pondrán las patas en la fuente”.
El agua no está fría como aquella tarde de Julio pero es idéntico el estupor  y la tristeza en los rostros y en el espíritu de quienes me rodean.




jueves, 24 de octubre de 2013



Tierra de “Nadie”


¡No pibe, no! ¿Qué haces? Si te ve la vieja te mata. Este paredón no se toca. El dibujito este es todo un emblema para el barrio… Pibe, vos no entendés nada. Esto lo pintó el Gringo para un amigo en la década del 70’. Lo hizo para un linyera; ambos eran extranjeros, dicen que llegaron a la Argentina por quilombos con la policía y que aquí siguieron haciendo de las suyas. La osadía de algunos seres alcanza cotas insospechadas.


El día que pintó esto, dicen, se habría cumplido, según afirman el sueño del Gringo. La dueña del paredón le prometió que lo cuidaría hasta el final de sus días. Y la vieja cumplió con la promesa y mucho más, porque ahora lo cuidan sus nietos. Si te ven metiendo mano, te matan.


El tipo tuvo problemas con la policía por algunas pintadas y hasta con la Fundación Soldi, esa que está en la esquina. El propio pintor cuando vino a pintar la Iglesia Santa Ana lo buscó para hacer los frescos que hoy se encuentran en el interior, pero el Gringo le dijo que se metiera el pincel donde la espalda pierde el buen nombre. A partir de ese día fue un paria, perseguido por la creme de la creme de Glew.


Igualmente al tipo no le importaba nada. Se convirtió en una sombra fugaz, sin nombre y apellido que dejaba a su paso una estela de color. Dicen que tenía de guardianes a los borrachos y prostitutas de la zona que coincidían en la plaza a altas horas de la noche. Esta que está ahí.


El tipo a pesar de sus cuidadores cayó alguna que otra vez en cana. Una vez para Navidad se hizo una redada, justo en esta esquina. Lo agarraron distraído, estaban entonces, según testigos presenciales, como si en una operación milimétricamente planeada, hubieran capturado al enemigo público número uno.


Este no fue el único encuentro con los guardianes de la ley. Su primera detención se había producido cuando un policía lo pescó estampando su firma en el paredón de atrás de la comisaría, sobre una imagen de una prostituta masturbándose. Dicen que era una obra de arte, che. Duró poco. El mismo comisario junto al resto de la yuta lo taparon en minutos; no le alcanzaban las manos al tipo. Por ese hecho al de la gorra le quedó de apodo “El pulpo”.


¿Entendés, pibe? El Gringo se hizo famoso en el distrito. Fueron diez años meta pinta que pinta. ¿Y vos querés estropear su obra magna? No entendés nada, pibe.


El Gringo firmaba autógrafos ¿Me entendés? Yo tengo uno.


Con el tiempo creció su popularidad y dicen que se divertía tirándole la lengua a los que inventaban leyendas, inexistentes amistades y supuestas correrías nocturnas. No ha faltado quien atribuyó las pintadas a una falsa campaña publicitaria, quien aseguró que obedecían a las herméticas maniobras de infiltración de una secta, o quien aducía saber de buena tinta que en realidad se trataba de un espía


¿Qué querés que te diga? Las paredes de esta esquina hablan por sí solas. Yo que vos me rajo enseguida, porque en un rato, esto… esto se convierte en tierra de “Nadie".

miércoles, 9 de octubre de 2013

       

                                                        Ojo por ojo

En cuanto su nariz rozó la fría superficie de la puerta pudo ver  través del ojo de la cerradura  un  rasgo de profunda tensión que orbitaba entre línea y línea;  parecían pinceladas hechas por la mano de un artista que  con insolente temple las facultó para crear un laberinto oscuro. No pudo determinar si  partían del núcleo  negro, si éste las paría expulsándolas a la zona periférica o en realidad se las devoraba. El centro cuya forma es la de un diafragma contráctil, palpita como el corazón de un animal acechado o como el  de alguien que había sido perseguido por la anormalidad de las cosas. De repente se detenía y en  cada detención el núcleo se agrandaba, luego se reducía. Rodeaba la zona oscura un tapiz blanco craquelado con otras finas líneas rojas. Estas líneas se mezclaban con las otras del centro. Una enmarañada estructura circular oscura  respiraba, se ahogaba, se fundía con el ojo de la cerradura y con su propio ojo.
 Había sido una extensa jornada, lo sintió en el cansancio de sus huesos y en una especie de irritación contra el mundo.  Aceleró el paso más de lo que acostumbraba en las tardes de regreso. El día había transmutado a noche  y una inquietud más profunda que el hambre lo hostigó para moverse  rápido. Alguien lo saludó levantando la mano izquierda, él hizo una mueca que denotaba más fastidio que simpatía; no reconoció a la mujer ni tampoco escuchó lo que ella había gritado.  Se dio cuenta de su rápido andar. Las baldosas negras y luego rojas, los desniveles de las veredas,  los cables de las líneas telefónicas se fundían en su andar, se mezclaban, se aglutinaban en una masa oscura que respiraba y  que lo perseguía. No quiso mirar hacia atrás. Sólo unos pocos metros separaban la urbe viviente de su casa; subió los cuatro escalones de entrada, estaba frente a su puerta, sacó las llaves de su bolsillo derecho con  nerviosismo, su mano húmeda no permitió asirlas y cayeron al piso rompiendo el clima tenso que lo había acompañado desde la salida del trabajo. Sonrió y se agachó despacio para tomarlas. Lentamente recorrió con su vista la puerta, descubrió que los años no sólo habían hecho estrago en su cuerpo y tarareó  “…no le iría nada mal una mano de pintura…”  Volvió a sonreír. Estaba acomodando su cuerpo para incorporarse cuando vio un pedazo de papel blanco que asomaba por debajo de la puerta. Apoyó una rodilla en el piso y extendió una pierna hacia atrás. . Si era lo que esperaba, daría sepultura a  las horas de fastidio, malhumor e irritación que lo habían acompañado gran parte del día.  Tardó segundos en abrir la nota y leer –Te espero en  Café San Juan. Lo único irremediable es la muerte. No te retrases- .
Guardó en su bolsillo el papel. Seguía agachado. No pudo enderezarse. Algo en el ojo de la cerradura lo invitó a mirar, algo que respiraba y se ahogaba, algo que se fundió con el ojo mismo de la cerradura y con su propio ojo. 

Los protocolos de la escritura


Dimos comienzo a la actividad de  escritura con una serie de preguntas destinadas a generar una respuesta  sobre qué se observaría a través del ojo de la cerradura.  Los interrogantes fueron  motivados por la consigna pero no pudieron suscitar una respuesta porque una palabra que se desprendió de la restricción de la consigna tomó una fuerza generadora mayor que las propias preguntas, convirtiéndose en marco referencial: Esta palabra fue “ojo” y determinó el tema de la descripción.
Una vez elegido lo que se observaría, recurrimos a la web para buscar la fotografía de un ojo. La elegida tiene la particularidad de presentar un plano detalle (se emplea para destacar elementos específicos. En este tipo de plano el acercamiento se maximiza para enfatizar ciertos elementos que de otra manera podrían pasar desapercibidos). La elección no sólo  dio la oportunidad de evaluar que tipo de descripción haríamos (en color, en sepia o blanco y negro) sino también la de comenzar a pensar en la introducción del personaje pedido en la segunda parte de la actividad planteada por la docente.
Se determinó realizar la descripción en color por considerar esta decisión la más adecuada para  proporcionar  una gran cantidad y variedad de información que nos sería útil en la construcción del  lugar y el espacio.
¿Cómo relacionamos los elementos en color  de la descripción con el lugar y el espacio logrado?
Esta fue una pregunta que surgió luego de elegir la descripción en color. Si debíamos planificar cada elemento en función del personaje, la historia, el relato, la verosimilitud, el narrador, etc. Consideramos apropiado que esos elementos se integraran o dieran como resultado “algo” en el cuento. Un algo que no estaba determinado aún en esta instancia.
En la descripción aparecen varios elementos, líneas rojas, núcleo negro, un manto blanco craquelado, estructura circular oscura;  elementos que fueron utilizados para construir una analogía con las líneas telefónicas y  las baldosas rojas y negras de las veredas. Nuestro interés aquí radicó en presentar un espacio de percepción que contribuyera o se solidarizara con la alteración del personaje: “Las baldosas negras y luego rojas, los desniveles de las veredas,  los cables de las líneas telefónicas se fundían en su andar, se mezclaban, se aglutinaban en una masa oscura que respiraba y  que lo perseguía.”
La pregunta siguiente fue ¿Por qué dicha alteración? Debíamos buscar un móvil lo suficientemente verosímil para darle credibilidad al estado y el apuro del personaje. Esto se resolvió con una esquela que el personaje descubriría al final del cuento.  En este punto tuvimos que recurrir a la reescritura de algunos párrafos de la descripción.
Con respecto al narrador, elegimos un narrador omnisciente porque  puede  contar la historia  desde un punto de vista que le permite conocer los pensamientos y sentimientos íntimos o inconfesables del personaje.  Este narrador  no encuentra límite alguno a sus facultades descriptivas y, por lo general, tampoco adopta opinión alguna ante lo que cuenta, ya que esto podría restringir la amplitud de su visión. Esta decisión también se tomó porque  el narrador omnisciente no influye en los hechos de la historia, ya  que su principal cometido es observar. Esta cualidad de observación,  propia del narrador omnisciente, nos resultó atractiva para generar un elemento más que se relacionara con los otros pensados, tema, historia, personaje y relato en función de observar y ser observado.
Se incluyeron dos expresiones del campo disciplinar oftalmológico: órbita (en el texto orbitaba) y diafragma contráctil, ambos con la clara intención de acercar al lector a una clarificación del objeto observado.  Esta aclaración se realiza puesto que, un término utilizado en el primer borrador (latía) el cual luego fue descartado,  generó entre los integrantes del grupo una discusión sobre la pertenencia semántica de dicho término.  La palabra latía podía generar una confusión al lector en términos de la interpretación.
La elección de un fragmento de la canción “No hago otra cosa que pensar en ti” al final  (cuando el personaje mira la puerta gastada por el paso del tiempo)  tiene dos intenciones. En primer lugar terminar de fracturar el clima de tensión, fractura que comenzó con la caída de las llaves al piso, provocándole una sonrisa. En segundo lugar despojar al relato de la construcción sobrenatural que hasta el momento se daba. Estas fracturas necesarias son el prólogo de una nueva construcción sobrenatural cuando el personaje mira por el ojo de la cerradura.

Bella, Damiana
Benítez, Nuria
Lützelschwab, Marcela